Cada otoño, saca ese pesado y maloliente soplador de gas de 10 libras. Cada invierno, pasa 30 minutos temblando mientras pala la entrada. Y cada vez que lava el coche, se apresura a secarlo antes de que se formen manchas.
¿Pero lo peor? Verlo hacer una mueca cuando se endereza. Porque a los 55, 60 o 65 años, su espalda y hombros simplemente ya no son lo que solían ser. Necesita una herramienta que funcione para él, no en su contra.